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Imágenes , documentales, vídeos, teatro.

En el año 2005 comienza una nueva trayectoria, realizando bandas sonoras para documentales, sonidos ambientales para museos y películas, siempre utilizando instrumentos musicales de su colección. Destacan “Vivir en la frontera”, las “Puertas del infierno”.
Sumamente original resultó el espectáculo Celuloides de Jardiel, donde junto al actor Antonio Campos y el productor Carlos García, vuelcan en escena en el mismo acto a tres artes: el cine mudo de principio del siglo XX, el teatro de la pluma de Jardiel Poncela con la voz de Antonio Campos y la banda sonora en directo de Blanco Fadol, utilizando 22 instrumentos musicales de su colección.

En preparación por el taller de imagen de la Universidad de Alicante, un documental sobre la trayectoria de Blanco Fadol en las diferentes étnias del mundo.

El documental Fadol, fue rodado por una compañía de Uruguay en la Isla de Pascua, en la singular casa de campo del artista en Alicante, en el Museo de la Música Étnica en Murcia, en una escuela pública y en un ático en Montevideo.

 

En 2007, Carlos Blanco Fadol, al comprobar durante un viaje a la selva amazónica peruana que la etnia yagua , habían dejado de utilizar dos instrumentos musicales conocidos como “ruuihuitú macho” y “ruuihuitú hembra“, que empleaban hace muchos años en sus ceremonias rituales, decidió internarse en el amazonas y volver a introducirlo, explicando a los nativos la forma de su construcción y ejecución. Ello fue posible gracias a que los fondos del Museo de la Música Étnica de su propiedad, situado en Barranda-Caravaca en la provincia española de Murcia, existían desde hace 40 años, dos ejemplares. En este documental puede observarse las etapas de recuperación de estos dos instrumentos musicales junto a una crítica silenciosa y visual de la tala indiscriminada de árboles por las industrias madereras en amplio contraste con las ceremonias rituales de respeto a la naturaleza que la etnia yagua realizó antes de la construcción.
La integración de estos dos instrumentos en amazonas, junto al hecho de respetar e ir a “devolver algo” al castigado bosque tropical, contrasta con la expoliación generalizada de las poderosas compañías petroleras , las madereras, los buscadores de oro… que expolian indiscriminadamente la biodiversidad.
Finalizamos con un pensamiento de Carlos Blanco Fadol, del libro “Reflexiones a orillas del camino“, realizado in situ, que reza:
El hombre es al amazonas, lo que termitas voraces a un bello templo milenario de madera“.

 

 

Hace más de 30 años que Carlos Blanco Fadol lleva desarrollando una hipótesis con relación a la influencia asiática en la música de los Andes en América del Sur.
Durante la invitación que el Ministerio de Cultura de China le hiciera para visitar el país en el año 2000 para realizar una serie de conciertos y clases magistrales en los dos Conservatorios de Música de Beijing (Pekín), utilizó un huayno, música tradicional andina de Perú, para demostrar la gran similitud de sonidos y  armonías que comparten esas dos regiones del mundo. Para ello contactó con dos jóvenes estudiantes de música  del Conservatorio Central de Beijing: una chica tocando el guzheng (cítara horizontal) y un chico tocando el pi-pa (laúd chino).

El asombro de Blanco Fadol surgió cuando ambos jóvenes que desconocían completamente el huayno Rio de paria, aprendieron en escasos minutos el tema en la escala pentatónica (cinco sonidos) que ambas culturas comparten, empleando el mismo gusto y estilo con que interpretan los nativos peruanos dichas músicas, como puede apreciarse en el video adjunto. Recibió un premio y diploma del Conservatorio de Música de Beijing como reconocimiento al trabajo realizado.
Esta adaptación casi instantánea de los jóvenes músicos chinos con un tema que desconocían, le ha reforzado la hipótesis de que la influencia de la música asiática en los Andes podría ser una realidad.
Todos estos trabajos de investigación alrededor del mundo buscando las influencias musicales entre diferentes culturas y continentes y la utilización de la música con un vínculo de fraternidad entre los pueblos del mundo, le valió a Carlos Blanco Fadol, la candidatura a los Premios Príncipe de Asturias a las Artes en 2006 y la candidatura al Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en el año 2009.